La Galicia negra: pija, paleta y en inglés
"O galego está moi ben, pero non vale para emigrar", dijo un señor con cuatrocientos años y boina en el Telexornal. Nadie se enteró, o nadie quiso hacerlo, pero aquel viejo vecino de la Costa da Morte acababa de destilar en un sola frase la esencia más profunda del pensamiento de muchos gallegos, quizá de la mayoría. Me explico.
La vida en Galicia siempre ha estado ligada íntimamente al mundo rural. El 86,7% de su población vivía en el campo en 1930 (fuente). Pero ese viejo modo de vida llevaba tiempo en decadencia. Hacia la mitad del XIX una profunda crisis agrícola disparó la emigración, que continuó en masa durante el XX.
El éxito de parte de los exiliados creó el mito de que solo había futuro fuera de Galicia. Mientras las ciudades empezaron a crecer y la emigración a ralentizarse paulatinamente, aunque nunca ha cesado del todo.
El proceso ha tenido problemas. Hoy más del 70% de los gallegos viven en zonas urbanas, pero los pueblos y las aldeas desaparecen a una velocidad impensable. En materia cultural, que es de lo que quería hablar, el balance es aún peor. El mito de que el futuro estaba fuera engendró otro más peligroso: todo lo de fuera es mejor. Es el complejo de inferioridad del que tanto y tanto se ha hablado últimamente gracias a las tonterías de alguna ¿política? y de la Xunta del PP. Ojala pudiese decir algo bueno de Feij009 y su banda, pero no me sale. Solo sé que carecen de preparación. Por no saber, ¡no saben ni hablar correctamente las lenguas que emplean sus administrados!
Paradójicamente el complejo es muy débil entre los emigrantes, al menos entre los muchos que conozco en Inglaterra, pero fortísimo en las ciudades gallegas. Hay casos conmovedores entre los primeros. Gente que a los 70 años solo quiere volver a la tierra que dejó con 16. Gente que habla gallego todo cuanto puede, porque (traduzco a Carlos, uno de Cee que lleva 41 años de busero en Londres) "con los ingleses no sirve, pero cuando estás fuera reconoces a los tuyos gracias a él, sabes que son de tu gente y que pueden ayudarte".
En las ciudades, sobre todo en Vigo y A Coruña, el gallego desaparece y algunos de sus vecinos cumplen lo que decía Carlos de que el idioma sirve para reconocer a tus congéneres: creen que solo es útil para hablar con las vacas. Esa grosería sintetiza una forma de pensar que asocia el idioma y la cultura de sus abuelos, de aquel 87,6% de la población de los años 30, de todo el país en resumen, con el atraso y la pobreza.
Lógicamente hay que eliminar la huella de esa cultura paleta y mermada. Por eso el crío más atormentado de mi colegio en A Coruña era Sergio, el único que hablaba gallego. Lo puteaban todos los días hasta que se cansó de llorar y se cambió de escuela.
Por eso mis compañeros de clase y sus papás decían los viernes "este fin de semana vamos a la aldea". Lo anunciaban con el tono excitado del explorador que se lanza a una gran aventura. ¡La aldea! Ese sitio salvaje en el que vivían los atrasados de sus padres o abuelos, que aún hablaban en vaca. Despreciaban ese lugar, lo veían primitivo y maloliente, aunque casi todos esos pijopaletos, para su vergüenza infinita, habían nacido allí.
¿Creen que exagero? Les pondré un ejemplo. La rivalidad de A Coruña con Santiago, mi ciudad natal, es tremenda. Cuando en el colegio querían ofenderme decían "Santiago es una aldea", lo que no deja de tener gracia porque muchos de ellos o sus padres vieron la luz en una auténtica.
Supongo que por ese rechazo a la cultura de sus antecesores en el instituto me traducían el nombre, y por eso me miraban raro cuando exigía que lo escribieran bien en los documentos. Incluso una vez me pidieron el DNI para cerciorarse. ¿Quién iba a ponerle un nombre a su hijo en un idioma bovino?, debían pensar.
Todo eso me da igual. Los críos son crueles y de no haber estado cerca Sergio hablando en vaca hubiesen puteado a otro. Lo del nombre hasta lo recuerdo con cariño y lo de Santiago me parecía envidia. Pero lo que me enferma es la tontería que le ha dado a todos mis compatriotas pijopaletos con el inglés. No contentos con destrozar lo suyo, parecen dispuestos a jorobar lo de los demás.
Ese amor súbito es peligrosísimo cuando se combina con el complejo de inferioridad y el provincianismo. Un ejemplo, mientras el comercio se hunde en el centro de A Coruña y sus calles se llenan de edificios tradicionales abandonados, siguen abriendo centros comerciales. Unos establecimientos impersonales que podrían estar en Galicia o en Rusia, Irán, Colombia o Japón. Pero lo que más me gusta son los nombres: Dolce Vita, Marina Center... Pijopaletismo en estado puro.
La foto (cc) es de xindilo, aquí está su galería en Flickr. Los enmascarados son cigarróns, unos personajes típicos del carnaval -entroido- de Verín.
13 comentarios:
"Por eso el crío más atormentado de mi colegio en A Coruña era Sergio, el único que hablaba gallego. Lo puteaban todos los días hasta que se cansó de llorar y se cambió de escuela".
Eu tamén coñecín un Sergio. Tería eu seis ou sete anos (pasou tanto tempo que xa non podo estar certo), cando se incorporou á miña clase un rapaciño que viña de Malpica de Bergantiños. Ao chegar, o coitado falaba "en vaca"... Mais, por suposto, tardou pouco tempo en perder o hábito: as nosas benéficas gargalladas arrincáronllo de raíz. Este rápido proceso de asimilación forzada -acaso só é por forza o que se fai a paus?- ocorreu ante os ollos da mestra, a cal, se mal non me lembro, non nos impediu levar a cabo a nosa obra "civilizadora". Todo isto sucedeu, por certo, a mediados da década dos oitenta. A célebre "Lei de Normalización Lingüística" xa estaba aprobada, mais nós non soubemos qué cousa era iso da "normalización" ata 7º de EXB (grazas a unha profesora de galego que SI falaba galego fóra da aula, cousa rara).
Si, nacín na Coruña, e nela vivín ata que comecei a miña carreira (ou sexa, ata os dezanove anos). O meu colexio era privado concertado. Gustaríame crer que nun instituto as cousas habían ser moi diferentes, pero...
Me he puesto como seguidora de tu blog y he estado mirando tus entradas y comentarios y me han enganchado, es interesante conocer la idiosincracia de un pais a traves de perceciones y detalles minimos, yo tambien estoy intentando hacer un blog, el mio esta dedicado al medio ambiente, los viajes y el pensamiento libre, esto último logicamente no es mas que un deseo y enlaza con tu blog que me ha parecido libre y mada convencional, creo que en el futuro a penas leeremos periodicos tal como los conocemos ahora, y viviremos parte de nuestro tiempo de una manera virtual, mandandonos y recibiendo ideas los unos a los otros, unsaludo
Bos días profundador. O meu Sergio tamén é dos oitenta, aínda vai ser o mesmo... pero teño dúbidas porque penso que o meu era dos arredores da cidade, poder ser que Culleredo. Eu nunca tiven un profesor que falara galego fora de clase ata o bacharelato, o fixen no Zalaeta, un tipo que era bastante boa xente e que tamén nos explicou o da lei e todo iso. Aída así foi un pouco desesperante, tiña varios compañeiros que dicían que non querían ter clase de galego porque ían ser periodistas, e a influencia do galego ía darlles problemas en Madrid. Que terá que ver unha cousa coa outra. Iso sí, como sempre o único obxectivo deles era marchar fora, emigrar.
Hola Cristina. Gracias por tu interés y mucha suerte con el blog. Me ha llamado la atención lo de las camaroneras, no sabía nada de ellas la verdad.
Un saúdo aos dous.
certo... unha boa radiografía dos nosos paisanos... e unha dolorosa exposición de por qué somos un pobo inmaduro, débil e condeado ao servilismo.
O asunto impresiona bastante, sobre todo porque a tontería vai a máis pouco a pouco. E xa non é cousa de ser ou non ser nacionalista, e cousa de ter un pouco de autoestima, pero nin iso.
Un saúdo.
Gustame aparte o detalle da foto, son cigarróns de Verín o na mitra da mascara levan, un tigre e un leopardo, este tipo de motivos hoxe en día son os maioritarios, vale totalmente como imaxen do que queres amosar no texto, cando fai 40 ou 5o anos estas mascaras amosaban, bois, doniñas, raposas, lobos, cobregas ou motivos frorais
Qué pasa Xosé, ¿has vuelto a la Coru de vacaciones y has vuelto a la realidad que tenemos?
Yo me tuve que volver (pero forzado, de momento) de los Londres y los Richmond's y realmente veo la cosa sigue igual, que seguimos siendo una ciudad señorita que no vive de nada.
Pero es lo que hay, que decía mi abuela.
:D
Suerte!
(me está gustando este repasillo que le estoy dando a la rev inglesa!)
Me has calado del todo. Da mal rollo volverse de un sitio en el que ponerle un nombre en castellano o en gallego a un restaurante da cierto prestigio a otro en el que se prefiere llamarle a las cosas "Marina Centre". Me mata el complejiño.
Gracias y un saludo.
Totalmente de acuerdo. Y pensarás que quizá ha cambiado algo en las nuevas generaciones. Pues no, tengo 20 años y he oído a gente de mi edad decirle a otros: "Que la madre de fulano se cree de ciudad y nació en no-sé-que-aldea."
Tal cual.
Me parece que no hay nada más profundamente paleto que esa actitud.
Yo creo que cada uno es muy libre de tener la actitud que quiera, pensar lo que quiera, decir lo que quiera, y utilizar el idioma que quiera, pero siempre asumiendo y aceptando las condiciones que le imponga la sociedad, lo que no se puede ni debe, es imponer algo a la sociedad.
Hola Nat. Pues sí y además, lejos de mejorar, la cosa va a más.
Hola Anónimo. Pues la verdad es que no estoy seguro de que todas las condiciones que impone la sociedad deban ser aceptadas y asumidas sin más por el individuo. Las decisiones, aún tomadas por mayoría, pueden ser equivocadas e incluso injustas y el individuo tiene todo el derecho, y a veces el deber, de ponerlas en cuestión. Por otro lado, la sociedad no tiene derecho a hacer desaparecer idiomas -ni el gallego ni el castellano- lo mismo que no tiene derecho a derruir todas las iglesias románicas. Hay cosas, como el patrimonio histórico y cultural o los derechos humanos, que están por encima de las modas o los deseos pasajeros de la sociedad.
Un saludo a ambos.
Non falo ben o galego (e menos o escribo), pero vou intentalo. Algo que chamoume a atención moitas veces é o humor galego: en infinidade de ocasións un chiste gracioso en galego non o é en castelán, debido (creo) a que gran parte da súa graza reside no idioma. Pero á vez creo entrever niso unha especie de complexo dos galegos sobre o seu propio idioma, coma se fose algo trangalleiro, que non merece moito respecto. Como o ves?
Meca, me deixas coa dúbida de contestar en galego. Bueno, imos aló aínda que eu tampouco son un mestre, toda a miña educación (en centros públicos e durante os 80 -finais- e 90) foi en castelán agás a asignatura de galego. Pode ser certo o que dis, e penso que debe pasar o mesmo cos chistes traducidos doutras linguas... pero o de Galicia co seu idioma é de frenopático. E o digo en serio, hai motivos que veñen de lonxe e que están moi metidos nos nosos miolos. Unha magoa.
Saúdos
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